Las pruebas médicas: analíticas, histerosalpingografía y seminograma

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Recuerdo esa primera visita en Reproducción Asistida como si fuese ayer mismo.

La doctora que me atendió fue bastante amable, cosa que agradecí, pero sentí que nos trató un poco con esa condescendencia de muchos profesionales de la medicina, un poco paternalista y con ese “rintintín” de “no preguntes tanto que quien sabe de esto soy yo”.

A mí me mandó repetir las analíticas hormonales (normalísimo, hacía casi un año que me las había hecho), otra ecografía y la famosa prueba sobre la permeabilidad de las trompas: la histerosalpingografia (HSG). Ya el dichoso nombre me sonó fatal. A Mr. N. lo derivó al departamento de urología.

No desearía ni mucho menos asustar a nadie que aún no haya pasado por la HSG pero no daré rodeos sobre el tema ¡a mí me dolió de narices! no sé si fueron los nervios o si mis trompas estaban un pelín taponadas y al líquido le costó pasar, aunque finalmente lo consiguió, o si fue simplemente mala suerte (cosa que no creo) pero lo pasé realmente mal. Había buscado información por internet y según la creencia “popular” cuando duele es que las trompas están taponadas, así que imagianaos la llorera que me metí esa noche. Estaba segura que sería un desastre.

Las pruebas médicas_analíticas_histerosalpingografía y seminograma

Cuando por fin fuí a la visita de resultados estaba hecha un flan. Me tocó otro doctor bastante seco, por decirlo educadamente. Sacó mi prueba y me dijo que estaba normal. Le comenté que me había dolido mucho y evidentemente le quitó importancia, “a veces pasa”, y ya está. Me despidió bien rapidito, aunque por una vez no me importó. Estaba tan aliviada que ya se me habían olvidado las malas maneras del médico (afortunadamente coincidí con él muy pocas veces).

Por su parte, a mi costillo le hicieron varios seminogramas para poder compararlos. Como salío un poco justo de cantidad y movilidad le mandaron unas vitaminas, durante 3 meses, para intentar mejorar un poco la calidad del semen. Ese día por poco me desmayo en la consulta ¡¡ayyy diosss…3 meses más!! me sentía como si estuviese viviendo una pesadilla, no veia el final del túnel. Mi ansiedad y mi impaciencia no paraban de crecer, y no sabía como gestionar tantos sentimientos negativos.

Esos meses de espera fueron muy largos pero finalmente se repitió las pruebas y tuvimos buenas noticias. Había habido una mejoría y como mis pruebas habían salido bien podíamos empezar con las inseminaciones artificiales. Pero como se acercaba el verano nos dijeron que empezaríamos a partir de septiembre. Me dieron las recetas de la medicación y el teléfono para pedir ecografía y analítica el primer día de la regla.

Tuve ganas de llorar otra vez, 3-4 meses más de espera, pensé que no podría soportarlo así que en uno de esos ataques míos de cabezonería informé a mi maridín que no iba a aguantarlo y que buscaríamos una clínica para empezar con las inseminaciones. Por culpa del dolor que sentía acabé en manos de otro “personaje” de la medicina que vio lo fácil que le saldría ganarse unos eurillos a costa de la ilusión de una pareja novata en estos temas.

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