Tengo endometriosis ¿Y ahora qué?

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¿Y podré quedarme embarazada si tengo endometriosis?

fue lo primero que pregunté al doctor al confirmarme que el quiste que me habían extirpado por laparoscopia era, efectivamente, un endometrioma.

Tengo endometriosis ¿y ahora qué?

Mi endometriosis no se localizaba ni en los ovarios, ni en las trompas, ni en la matriz, sino en el peritoneo. Por este motivo siempre había pasado completamente desapercibida en las ecografías. Lo único que habría podido hacer sospechar a cualquier ginecólogo que le hubiese dado importancia, eran mis reglas tan dolorosas y abundantes (tanto de cantidad como de días), acompañadas siempre de una desagradable descomposición de estómago, así como el dolor que muchas veces sentía en las relaciones. Nunca nigún profesional médico le dio la más mínima importancia a estos síntomas, a pesar de comentarlo en varias ocasiones.

A mi pregunta mi doctor me informó que al ser una endometriosis mínima no afectaba en nada a mi fertilidad. Como podréis imaginar, al llegar a casa me faltó tiempo para buscar en Internet más información sobre la enfermedad. Ahí estaba lo que durante tantos años me había preguntado, tan claramente explicado que no entendía como nunca me la hubiesen diagnosticado. Lo único que no coincidía con el pronóstico que me habían dado en el hospital era que sí, que aún en un estadio no tan grave se sospechaba que la endometriosis podía provocar infertilidad, tanto por la inflamación de los tejidos, que dificultaban la implantación de los embriones como por la peor calidad de los ovocitos.

Ya han pasado bastantes años desde que descubrí que formaba parte de ese 15-20% de mujeres en edad fértil que padecen de endometriosis y que esta enfermedad es una de las principales causas de infertilidad femenina (el 30-40% de infértiles la padecemos). Desde entonces cada tratamiento negativo no hizo más que confirmarme que algo pasaba y que efectivamente en mi caso no podía ser otra cosa (o eso esperaba) que la endometriosis. Después de años de tratamientos aprendí a convivir con ella pero también me centré en combatirla, de la manera más natural posible, con la esperanza de tener una mejor calidad de vida pero sobre todo de conseguir mi gran sueño. Nada era imposible, tal y como comprobé un año después cuando llegó, milagrosamente, mi embarazo “sorpresa”.

¿Sufres o sospechas que padeces también esta enfermedad? No dejes de contarme tu experiencia.

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